página precediente página principal Día siguiente

9 de Febrero

Ramillete espiritual: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.» Mt. 5, 48

San Cirilo Alejandrino

SAN CIRILO de ALEJANDRÍA
Obispo y Doctor de la Iglesia
(+ 444)

San Cirilo Alejandrino es sin duda uno de los Padres y Doctores más egregios de la Iglesia. Los Papas, tanto Celestino I, en su tiempo, como todos los demás hasta los de nuestros días, Pío XI y Pío XII, han cantado sus egregias cualidades como acérrimo defensor de la auténtica fe cristiana contra Nestorio que intentaba profanarla.

Le han llamado: "Invicto asertor y sapientísimo doctor de la divina maternidad de la Virgen María, de la unión hipostática del Verbo y del Primado del Romano Pontífice". "Luminar de cristiana sabiduría y atleta de apostólica fortaleza". "Sacerdote digno de la máxima aprobación". "Caudillo de la Ortodoxia. "Papa de Alejandría". "Juez del orbe de la tierra". "Doctor del dogma de la Encarnación". "Buen defensor de la fe católica". "Hombre apostólico"...

Nació en Alejandría y era sobrino del prepotente patriarca Teófilo. Durante su juventud - nace a finales del siglo IV - frecuenta las mejores escuelas de su tiempo. En ellas profundizó en la teología y sagrada Escritura.

De muy joven vistió el hábito de los solitarios de Nitria y fue educado en las virtudes monacales por el abad Serapión. Llevó una vida muy mortificada y entregado a la oración hasta que su tío, el Patriarca, le encomendó la tarea de predicar la Palabra de Dios, que por cierto lo hacía con extraordinaria maestría y gran fruto espiritual. Pero no le llenaban los halagos del mundo ni los honores eclesiásticos, aunque estos siempre le buscarían a él. Solía decir: "Mi más ardiente deseo, mi única ambición, es padecer y morir por la fe de Cristo... Ningún insulto, ninguna persecución, ninguna contumelia, me conmueve con tal que la fe resulte sana y salva. Por la fe de Cristo y por lo que El ha hecho por mí he decidido ir al encuentro de cualquier clase de trabajo que me pueda sobrevenir y estoy dispuesto a soportar cualquier clase de tormento que el Señor me tenga preparado...". Bien necesitaría todas estas disposiciones y el don de fortaleza, porque le esperaban grandes fatigas por la causa de Jesucristo que ahora él no podía vislumbrar. Pero su recia formación y su extraordinaria virtud estaban dispuestas para arrostrar toda clase de embestidas del enemigo.

Las herejías pululaban en su tiempo y había que erradicarlas a toda costa. Cirilo fue el hombre providencial para acabar contra los novacianos y, sobre todo, los nestorianos, que intentaban infeccionar la ortodoxia de la fe cristiana con sus solapados errores.

El año 412 fue un año señalado para Cirilo ya que fue elegido Cabeza de la Iglesia de Alejandría.

Sobre todo, su fama se haría inmortal en su lucha por defender la TEOTOKOS, la Madre de Dios. La lucha se hizo ya pública: Nestorio defendía que la Virgen era Cristotokos y no Teotokos, Madre de Cristo, pero no madre de Dios. Cirilo y con él toda la ortodoxia y tradición de la Iglesia defendían a Teotokos. Cirilo quiere convencer a Nestorio con afecto fraternal, pero el heresiarca no cede. Por fin el Papa Celestino I convoca el Concilio de Efeso, III de los Universales. Cirilo ha escrito ya sus famosos Anatematismos. Los Padres Conciliares quedan admirados de la sabiduría y santidad de Cirilo. Todos a una confirman la doctrina que él propone y rezan mientras son llevados en volandas por los fervorosos efesianos: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros...". Este gran defensor de la fe moría el año 444 llorado por todos los diocesanos.


SAN MIGUEL FEBRES CORDERO
Religioso
(1854-1910)

Cuando fray Miguel Febres Cordero era niño, todos lo llamaban "Panchito" y hasta le tenían lástima por su delicada salud y sus pies deformes que le impedían caminar bien. Pero el 21 de octubre de 1984, día de su canonización en la Plaza de San Pedro, en Roma, se convirtió en el gran santo de la historia de Ecuador: seguidor, hasta en la santidad, de Juan Bautista de La Salle, el fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Congregación a la que pertenecía Panchito.

El señor Francisco Febres Cordero Montoya, banquero y profesor de idiomas en el seminario de Cuenca (Ecuador), está profundamente entristecido el 7 de noviembre de 1854, cuando nace Miguel, hijo varón pero desgraciado, condenado por sus pies a una carrera secundaria en la vida. A los cinco años el pequeño Miguel todavía no ha dado los primeros pasos. Un día, observando un rosal en el patio interior de su casa, de repente le grita a la tía: "¡Ven a ver la hermosa señora que está sobre las rosas!". La tía acude y con ella otros familiares, pero nadie ve nada. Sin embargo, Panchito continúa diciendo: "¡Mira cómo es de hermosa! Tiene un vestido blanco y el manto azul. Me llama...". Los familiares quedan impresionados, pero casi se paralizan cuando ven que el niño se levanta y comienza a caminar. Está bien, se ha curado.

En 1861 el presidente ecuatoriano García Moreno, preocupado por el enorme analfabetismo de su país, después de muchas insistencias obtiene que diez Hermanos de las Escuelas Cristianas vayan de Francia a Ecuador a fundar las escuelas populares. Las primeras tres escuelas nacen en Quito, Guayaquil y Cuenca. Los comienzos son duros, los Hermanos viven y enseñan en edificios miserables. Pero los alumnos se multiplican; ende los de Cuenca está Panchito, que se distingue inmediatamente por su inteligencia y por su deseo de aprender. La enseñanza le encanta, permanece en la escuela fuera de horario u con frecuencia les da una mano a los Hermanos. Quisiera entrara formar parte de su obra, pero los familiares se oponen? demasiado pobre la vida de los Hermanos para quien, como él, pertenece a la alta sociedad. ¿Por qué, si tiene vocación religiosa, no sigue la carrera eclesiástica?

Miguel Febres Cordero obedece y entra al seminario. Sale a los tres meses con graves enfermedades debidas a la dificultad para ambientarse. Finalmente los padres ceden, y en la fiesta de la Anunciación de 1868 Miguel puede vestir el hábito de los lasallistas, convirtiéndose en el Hermano Miguel. Terminado el noviciado, pasa a Quito, entre otras cosas para evitar las presiones del padre que sigue insistiendo para llevárselo para su casa. Son años de trabajo intenso, preludio de una vida que no conocerá descanso, ni mucho menos tiempo libre. Tiempo completo para la enseñanza, con horarios agotadores, el trabajo catequístico y la ayuda a los cohermanos enfermos. Sin embargo, el flaco Panchito logra sacar algunas horas para estudiar idiomas (no sólo latín, sino también francés, italiano, inglés y alemán) y para escribir libros para las escuelas.

En tres años publica un centenar de textos escolares que tratan de religión y literatura, gramática y matemáticas. Aunque en varios casos se trata sólo de ediciones corregidas, el trabajo es increíble, si se tiene en cuenta que Miguel fundamentalmente es un autodidacta.

Como profesor es muy bueno, y logra hacerse querer. Cuando en 1890 se abre el grande instituto La Salle del Cebollar, que tiene un seminternado, es a él a quien se le confían los seminternos.

Le llueven los reconocimientos: la Academia Ecuatoriana de la Lengua, por ejemplo, que lo nombra entre sus diez especialistas, y hasta de Venezuela y de Francia. Pero la tarea más importante para el Hermano Miguel sigue siendo la catequesis. Durante 26 años prepara los alumnos a la Primera Comunión y organiza cursos de religión.

En 1907 lo llaman a Europa a preparar los textos escolares para los Hermanos de las Escuelas Cristianas que parten para América Latina. Primero va a Bélgica y luego, por su delicada salud, en busca de un clima más suave, pasa a España (a Premiá de Mar, cerca de Barcelona). Siguen siendo años de mucha actividad hasta la muerte por pulmonía. Era el 9 de febrero de 1910. Antes de morir, les dice a los cohermanos que rodean su lecho de muerte, entristecidos: "Otros trabajarán mejor que yo". Pronto se le comenzaron a atribuir gracias y milagros.