23 de mayo
Ramillete espiritual: «Orad siempre y no desfallaced.» Lc 18, 1
SANTA JUANA ANTIDA THOURET
Virgen, fundadora
(1765-1826)
Es santo mostrarse modesto acerca de nuestros logros, pero un exceso de modestia puede ser un fallo tan grande como muy poca. Cuando Santa Juana Antida Thouret fue preguntada por la encargada de las novicias del convento al que se unía lo que podía hacer, Santa Juana dijo: «Nada.» La encargada de las novicias replicó: «Siempre estás diciendo que no puedes hacer nada; debes decir que puedes hacerlo todo, pues haces bien todo lo que se te encomienda. »
Como se trata de un santa, es probable que Juana Antida Thouret estuviera siendo honesta al no alegar ningún talento especial, pero a veces puede suceder que si no nos damos crédito a nosotros mismos no sea porque creamos que no merecemos alabanza alguna, sino porque estemos secretamente anhelando elogios. Aunque no haya nada de malo en querer oír que hemos hecho un buen trabajo, presentarnos de tal manera que podamos parecer humildes al tiempo que somos alabados resulta engañoso. Es mucho mejor aceptar sinceramente la alabanza original con un «gracias» simple y sincero, que practicar la falsa modestia bajo el disfraz del autodesprecio.
Aunque necesitemos concedernos crédito por nuestras capacidades, necesitamos también reconocer nuestros fallos. Cuando adoptamos un punto de vista negativo de nuestros talentos y capacidades, destruimos nuestro sentido de autoestima. Podemos también ser culpables de una sobrestima. Si constantemente estamos alardeando, corremos el riesgo de volvernos egocéntricos y egoístas. Los santos nos recuerdan hacer nuestras tareas lo mejor que sepamos y dejar que los cumplidos y las críticas sigan su camino.
Texto de: la Parroquia "Sagrada Familia" ( Diócesis Tui - Vigo - España )
LA APARICIÓN de SANTIAGO
Apóstol
(846)
Entre los beneficios que debe España a su ínclito Patrón Santiago es digno de memoria el que recibió del santo Apóstol el año 846 contra los árabes. Habiéndose negado el rey Ramiro I a exigencias de éstos, su rey vino del Africa contra los cristianos. Se le opuso Ramiro, y trabada la batalla, que duró indecisa todo el día, Ramiro, con sus tropas, se retiró de noche al monte Clavijo, donde, ordenándolas de nuevo, pidió al Cielo, bañado en lágrimas, que no le desamparase. Rindióse al sueño, y se le apareció el apóstol Santiago, asegurándole que Dios le tenía encomendada la tutela de España, y animó al rey para que al siguiente día diese la batalla.
Despertó Ramiro lleno de gozo, llamó a todos los jefes, les comunicó la noticia, y, confiando en Dios y en la protección del Santo, al amanecer se arrojaron sobre los moros implorando a Santiago, quien se dejó ver a caballo con el estandarte de la Santa Cruz, quedando 70.000 árabes muertos en el campo. Agradecida España por tan completo triunfo resolvió la nación pagar cierto tributo que se llama Voto de Santiago.